Y mientras Roma ardía

Remontémonos por un momento a 1964. 48 años, ni más ni menos.


Guinea Ecuatorial se independiza de España, la selección de fútbol gana la Eurocopa y se edita ‘París es una fiesta’ de Ernest Hemingway, escritor y estandarte de la que se conoció como GENERACIÓN PERDIDA, un grupo de autores americanos que se trasladaron a París empujados por una tremenda crisis económica.


Ese mismo año (1964), en el país galo, Jean-Luc Godard estrenaba BANDE À PART, una película que él mismo definió como el encuentro entre Alicia y Kafka y que fue una de las obras más destacadas de la Nouvelle Vague francesa junto a otras muchas y maravillosas películas, en las que se encuentra su ópera prima ‘Sin aliento’ (1960) y en la que destacaba otra figura de esa nueva ola, JEAN-PAUL Belmondo.


JEAN-PAUL destaca por una extensa filmografía. 17 años después, en 1981, participaría en ‘Le Professionel’ de Georges Lauther. Ese mismo año, Sam Raimi dirigía ‘Posesión Infernal’, Grecia pasaba a ser un estado de la Unión Europea y en Murcia nacía otro JEAN-PAUL, más conocido como Raúl Bernal.


29 años después y en una nueva y tremenda crisis económica, otro francés, Dominique Strauss-Kahn, alertaba de una posible GENERACIÓN PERDIDA de jóvenes europeos, que parecía incluirnos seguramente a Bernal, el equipo de Bandaàparte Editores y a un servidor.


Tal vez este sinfín de coincidencias (forzadas a coincidir por el que escribe) desembocarán en que la presentación de Raúl Bernal y su libro de poesía cayera en manos de un simple lector de tebeos que, de vez en cuando, hace coincidir (una vez más) acordes en una guitarra. Ante tanta presión pensé en fusilar algún poema poco conocido, bombardearlo con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela. Esta estupidez me duró lo que tardó en llegar el libro a casa.


Cuando quise darme cuenta, ya estaba atrapado entre las páginas del libro, reconociéndome en los textos, acunado por la vibración del autobús de la línea 15 que cruza la Diagonal. Retozando en la satisfacción del que descubre algo que sin parecerlo es grande y buscando la mirada cómplice en los ojos del resto de pasajeros, una búsqueda estéril pero que hacía crecer mi sensación de fortuna única.
Lo cierto es que la fuerza de las palabras de Raúl me apabulla, vestidas de sencillez y de metáfora cotidiana golpean en seco la boca del estómago, dejándote sin aire durante un instante. Si las imaginas, además, articuladas por la voz grave que canta en JEAN-PAUL, el agarre de éstas se multiplica por mil.

Un banal viaje en autobús que se convierte en una tarde de invierno junto a la ventana, jugando a creer que lo que leo lo he escrito yo mismo un segundo antes, pasando de lector a poeta instantáneamente. Con el buen sabor de boca que deja la última copa de vino. Y mientras la aguja sigue arañando el vinilo terminado.

Y mientras Roma ardía.

*Texto para la presentación del libro Y MIENTRAS ROMA ARDÍA de Raúl Bernal en la Librería Pequod de Gràcia (BCN) editado por BandaÀparte en 2012.

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